Brenda y su extraño magnetismo…
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Alicia instaló en su ordenador el CD que le había dado Mario, conectó la webcam al puerto USB y abrió el messenger. Ya estaba conectado y esperándola. De inmediato, Mario le escribió un pequeño saludo.
-¿Lo tienes todo preparado mi dulce esclava?
-Sí mi amo.
-Enciende la cámara, quiero verte.
Alicia invitó a Mario a ver las imágenes. Mientras, se miró coqueta en la pantalla del ordenador, comprobando que su imagen era perfecta. Su amante había dejado clara una cosa: él no encendería su cámara, quería que ella se imaginara que no era él el, que era un desconocido el que estaba al otro lado, alguien al que no había visto jamás, pero que en esos momentos sería su amo, el que le ordenaría lo que debía hacer en todo momento y el que le guiaría en la ruta del placer a través del sexo virtual.